
Psicologa
Durante mi etapa universitaria, hubo una temporada en la que simplemente me sentía perdida. Estudiaba una carrera que no me llenaba (Comunicaciones), y aunque todo en mi vida parecía “estar bien”, yo no me sentía bien. Me rodeaban personas con las que no compartía valores, y con el tiempo empecé a sentirme cada vez más desconectada de mí misma.
Recuerdo cómo cualquier pequeño detonante podía hacerme explotar por dentro: el corazón se me aceleraba, se me cerraba el estómago, tenía ganas de llorar sin razón aparente… y un dolor en el pecho que no se iba. Una angustia que me empujaba al tópico de la universidad convencida de que algo malo me estaba pasando físicamente, como si fuera a colapsar. Me calmaba llorando y respirando profundo, pero a los días volvía a sentirme igual. Como si solo “apagaba el incendio”, sin entender por qué se encendía en primer lugar.
Tampoco tenía el apoyo necesario. Me daba miedo contarles esto a mis padres porque siempre me habían dado una vida buena y no quería decepcionarlos. Mis amigos de entonces no eran verdaderos, y mi pareja en ese momento no era emocionalmente segura como para confiarle lo que sentía. Así que me lo guardaba. Sonreía. Seguía.
Hasta que un día, esa etapa universitaria terminó. Y con ella también terminé esa relación. Fue entonces cuando descubrí la terapia. Por primera vez escuché la palabra ansiedad y entendí que eso que me venía acompañando por tanto tiempo no era algo que solo “me pasaba”, sino algo que tenía nombre… y también tenía tratamiento.
Lo que viví en ese momento fue una mezcla de ansiedad con mucho dolor emocional. Hoy sé que no solo era una crisis puntual, sino una señal de que algo más profundo necesitaba ser atendido. No fue fácil, pero la terapia me ayudó a entender lo que sentía y a transformar esa angustia en un proceso de sanación.
Si te sientes identificado, no estás solo
Hoy, como psicóloga, acompaño a muchas personas que viven lo mismo que yo viví. Que sienten cosas intensas, que no pueden explicar del todo, que les duelen y que les cuesta poner en palabras. Y si tú estás en ese lugar, quiero decirte algo muy simple, pero muy importante: no estás solo.
La ansiedad no es debilidad. No es falta de voluntad. No es algo que se quita con frases como “tranquilízate” o “ya va a pasar”.
La ansiedad es una señal. Un llamado interno que necesita ser escuchado, comprendido y atendido. Y aunque a veces parezca interminable, hay camino para sentirte mejor.
Buscar ayuda profesional no es rendirse. Es empezar a elegirte. A ponerle nombre a lo que sientes. A dejar de vivir desde la angustia, para empezar a vivir desde la claridad y el cuidado.
¿Y ahora?
Si estás en una etapa en la que sientes que no puedes más, que no entiendes lo que te pasa, o que necesitas acompañamiento, aquí estoy. Este es un espacio seguro, sin juicios, donde puedes ser tú, tal como estás hoy.
Porque todos merecemos comprendernos, sanarnos y vivir una vida que se sienta nuestra.
Escribeme por WhatsApp